Altitudes relativas y mierda de pato.

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El patito feo nació del mismo nido de ramas y mierda de pato que los demas patitos. Pero él era negro. No era un simple matiz de color; era negro. Los patitos en general eran como bombillitas sin acabar de encender con su amarillo paliducho. El patito feo era negro. Y mira que todos los patitos nacen de un huevo blanco, pero él era negro. Cuando se juntaban un monton de patitos desde lejos no se veía un patito negro en medio, se veía un hueco entre un monton de patitos. Aunque funcionalmente era igual que los demás: comía, nadaba, dormía y un patil etcétera. Sin embargo el patito, feo, antes de salir de su blanco cascarón había decidido que su luz no irradiaría sin su voluntad expresa. 

Porque el negro es la absorción de todos los colores y la no refracción de ninguno. El negro es donde está toda la luz.

                                                                                                                                   



El hijo único.

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Si la ilusión fuera material sería tu columna vertebral hecha con cristal.

Si la vida es vivir para un sueño prefiero morir y despertar.

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La ramita recta:

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Era tan técnica que sólo sabía hacer las cosas bien.





La gracia de los sesgos.

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El día que más cerca he estado de morir fue cuando un sesgo de realidad me impactó en el pecho. Me adaptó una cremallera  vertical como a modo de disfraz, como de mascota de supermercado, como de pato de goma. Ante tal acontecimiento no resistí. Tiré de la cremallera con fuerza. Se abrió mi cuerpo. Todo lo que recuerdo desde ese momento son mis vísceras, mi desparrame visceral. Desde entonces si te saludaba, te saludaba con vísceras. Andaba con vísceras. Tambien comía con vísceras. Ellas me peinaban. Fueron ellas las que me enseñaron a bailar. Cambié ojos por vísceras en lo que pudiera ser un turbante-bufanda ocular. Y todo por no salir de la carcasa de mi piel.

                                                                                Si la realidad fuera como una neblina espesa y blanca, qué tipo de sesgo la perforaría? dejando una mirilla al fondo de mi blog.












En el teatro no todo son disfraces.

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Con un cuerpo lleno de cortes hasta donde no puedes ver debe ser incómodo moverse. No pensó así Luka. Pues empezó a vibrar con el ritmo de su vida. Convirtiéndose en un puchero, con las heridas por agua. Pronto la vibración llevó a las moléculas a desprender calor por el efecto de la fricción. Esto lo sabría cualquier microondas de cocina convencional. Y el agua rompió a hervir. Y había burbujas. Y había vapor. Era un baile líquido de los pies hasta la cabeza. Así que sus pelos se empezaron a retorcer como espuma, rastas tendría a partir de entonces. Unas rastas de nacimiento natural.

La cicatriz enorme del destiempo.

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Adolfito nació de un vientre, de dentro de un útero, de la primera reclusión. Una cabeza, dos brazos, dos piernas, dos testículos, dos pezones, dos orejas, dos ojos, una nariz y un pene. Los médicos dijeron que en principio no había que amputar nada y que estaba sano. Pero Adolfito con el tiempo mostró el error médico. El chaval se sentaba con la cabeza en los reposapies y los pies en los reposacabezas. Decía que el efecto de imaginarse caminando por el techo e ir saltando los marcos de las puertas le producía una sensación agradable, como de mareo suave, como de desprenderse de su cuerpo.

Resultó que Adolfito tenía los ojos al revés. Veía las cosas por debajo. Las barrigas de los perros, los bajos de los pantalones, las suelas de los zapatos, el revés de las alfombras... todos los sitios donde va a parar la roña. Adolfito enfermó de exceso de roña y no comía. Tomó jarabes, pastillas antiestamínicas, espinacas, cojones de toro y mucho hígado. Le faltaba hierro y le sobraban cojones.

Lo que resolvió Adolfito me pareció curioso. Decidió andar con la cabeza y hablar con las rodillas que los pies se distraen con el queso. No encontró problemas ni dificultades, menos para beber cubatas. Aunque no dejó de sorprenderse de que le confundieran con sus rodillas. Y el que no le confundía le creía malavarista.

Me comentaron unos amigos en común que Adolfito ha muerto. Y no siento pena, sabiendo que él lo habrá visto todo al revés.


                                                                                           La chacha de Bansky sabe del tema.